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Fin a más de 30 años de baloncesto amateur

Pequeño homenaje a todas esas personas que juegan a baloncesto y son la base de la pasión del deporte de la canasta.

El baloncesto afortunadamente no se reduce solo a los profesionales que juegan en las grandes ligas y que se ganan la vida jugando a este deporte que tanto nos gusta. La realidad es que lo más importante de todo es la base de gente que desde su pasión por este deporte, lo disfruta incluso teniendo que pagar en las categorías base de las diferentes regiones de nuestro país.

Y ese es mi caso particular, en el que he disfrutado de este deporte desde que empecé cuando tenía seis años aproximadamente y que ahora, a mis casi 37 primaveras, me dispongo a dejar, si no es que este maldito virus no ha avanzado el adiós a la disputa a nivel federado de este deporte.

Muchas personas a las que agradecer y recordar en estos más de 30 años recorriendo pistas de esas que han ido avanzando, pasando por patios descubiertos donde se debía tirar serrín y barrer en las mañanas de invierno, a los más modernos pabellones que disponen de un parqué de primera y las mejores instalaciones.

Gracias a mis padres que tantos madrugones se pegaron en los primeros años, los grandes sacrificados de todos esos niños que disfrutan de un deporte y que cada fin de semana tienen partidos. Gracias a los entrenadores y jugadores que me han acompañado en tantas victorias y derrotas, y que me han enseñado los valores que este deporte traslada: compañerismo, competición, esfuerzo, orden…

En estos últimos años los agradecimientos se hacen extensivos a mi mujer que ha «sufrido» las ausencias para ir a entrenar y jugar y a mi pequeña hija que también a su manera ha tenido que aguantar mi pasión por este deporte. Un gusano que te recorre el cuerpo y que tan solo me ha abandonado durante dos años desde que empecé a aprender a botar un balón en el patio de mi colegio, Maristas Rubí.

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Este es un pequeño «auto homenaje» que desde la humildad me permito hacer, a la vez que un reconocimiento a todos los que forman el basket de formación y que no viven de forma profesional de él, y que son una pieza clave para que el amor por el balón naranja alimente los sueños de todos los que vienen por detrás que sueñan ser como sus ídolos, ya sea antes un tal Michael Jordan o ahora Stephen Curry o Luka Doncic.

Que pase pronto esta pesadilla de virus para que las canchas se vuelvan a llenar de balones y en mi caso que me pueda despedir jugando de este deporte que tanto me gusta.

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Juan Antonio Rodríguez Ordóñez